Los excepcionales valores geológicos y biológicos que atesora el macizo de Anaga le han hecho objeto de la protección que ofrecen las leyes 12/1987, de 19 de junio, de Declaración de Espacios Naturales de Canarias, y 12/1994, de 19 de diciembre, de Espacios Naturales de Canarias. Clasificado desde entonces como Parque Rural de Anaga, este territorio de 144 km2 abarca un 7% de la superficie total de la isla y se distribuye entre los municipios de San Cristóbal de La Laguna, Santa Cruz de Tenerife y Tegueste. Parece una porción pequeña de Tenerife, y en realidad lo es, pero, sin embargo, en su accidentado relieve se esconden tesoros de valor incalculable.

Anaga es el refugio de la mayor y mejor muestra de monteverde de la isla, que se extiende de forma ininterrumpida, unas veces como fayal-brezal y otras como excepcional laurisilva, desde las faldas del Monte de las Mercedes hasta las cumbres que coronan el Valle de Chamorga. Esconde, según el Libro Rojo de la Flora Vascular Amenazada de España, más del 60% de los dragos silvestres que subsisten en toda Canarias, con dos poblaciones que no tienen parangón en el conjunto del Archipiélago: la del Roque de las Ánimas y la del Roque de Tierra.

Es refugio también de los dos únicos bosques de sabinas de la isla, acantonados en las alturas que rodean Afur y en la cima de la Mesa del Sabinal, así como del mayor palmeral de Tenerife, ubicado en el Barranco del Cercado. Y, por si fuera poco, en su interior prevalecen cauces permanentes de agua que posibilitan la existencia de saucedas y, aún, la visita de las sorprendentes y escurridizas anguilas.

 


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Por si todo esto no fuera suficiente, Anaga es un libro abierto de geología para el estudio de la construcción de las islas volcánicas. Está sembrada de domos y roques de sonoros nombres, de diques que atraviesan las montañas como cuchillos y de profundos barrancos de amplias cabeceras y estrechas y profundas desembocaduras. Es el resultado del apilamiento de coladas de lava y materiales volcánicos que, en los últimos millones de años, han sido desmantelados por la erosión.

La confluencia de estos y otros elementos de gran singularidad, como endemismos botánicos y faunísticos exclusivos del macizo, explican la presencia en su territorio de 3 de las 4 reservas naturales integrales que existen en Tenerife (Roques de Anaga, Pijaral e Ijuana), la categoría de máxima protección ambiental en Canarias, y la reciente declaración, el 9 de junio de 2015, de la Reserva de la Biosfera del Macizo de Anaga. Nos corresponde a todos, y en particular a quienes desarrollamos actividades en éste frágil y singular espacio, contribuir a su conservación.

 

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